Enfermo ya de tantas discusiones con su perfil tan alejado de cualquier molde específico, siempre se muestra dispuesto a negárselo a los demás los días en que éste se rebela. De hombros que tienen prohibido caerse y pecho negado al abatimiento, suele suceder en su interior una lucha de clases entre una decente elegancia reflejada en su mente y una indecencia absoluta en su vestir, capaces de desconcertar a cualquier novato explorador de almas gemelas. Sumergido en una mezcla de aristócrata de barrio y último eslabón de la cadena evolutiva, aflora a la superficie con esa actitud inmutable que despliega frente al temor, valerosa cobardía de quedarse de pie ante el escalofriante devenir de la realidad. Su vida está reflejada en sus manos y en lo azul de su mirada. Si, azul. Lo blanco del ojo, para él, es azul.
Hago votos para que esta colección Festilibro de obras infantiles y juveniles sirva al mis... Ampliar
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Cielos e infiernos
Tomá un tiempo, el que quieras, desmenuzalo como si fuera arena entre los dedos, desterralo, rociá el aire con el polvo, sentenciá al viento a que lo lleve lejos, bien lejos. Tomá un tiempo cualquiera y, de a poco, casi sin darte cuenta, te habrás librado de su pasado.